lunes, 21 de marzo de 2011

Premio a la desfachatez

Parece un alarde de incongruencia, pero una mirada a la sociedad actual nos muestra la enorme paradoja de ver cómo a aquellos miembros que ella misma aparta y desprecia, pasado un tiempo les otorga el premio de la fama o de la popularidad.


Dense cuenta, por ejemplo, cómo un comportamiento anómalo. estridente o indeseable se convierte se convierte en un icono valorado por el grupo social. Tenemos infinidad de ejemplos. Uno de los que mas puede llamar la atención es el de la modelo rubia que fue fotografiada esnifando cocaína. Se pensó inicialmente que todas las campañas publicitarias que llevaba a cabo (es decir, que las marcas de las que ella era imagen) podrían verse perjudicadas por ese hecho. Pues todo lo contrario. La rubita, compañera entonces de otro individuo desaliñado, fumador compulsivo de tabaco y otras cosas y bebedor sempiterno, so sólo no sufrió la pérdida de ningún contrato, sino que las agencias publicitarias vieron cómo su imagen salía reforzada...¿Hay alguna explicación sensata?

En nuestro suelo tenemos ejemplos muy ilustrativos. ¿Quién tiene más eco en las pantallas de televisión? Desde luego no el que cumple las normas sociales de respeto y educación, sino precisamente todo lo contrario. Cuánto más grita, cuánto más ataca, no sólo encuentra más audiencia sino también más posibilidades de contratación.

Recordemos al publicista metido a jurado de aspirantes a ídolos de la canción. Hemos visto cómo en vez de enjuiciar razonadamente su opinión, se hizo popular y famoso por sus ofensas permanentes a los concursantes. Al poco tiempo, aquel individuo de grandes gafas verdosas ocupó el interés del público y anuló a los demás miembros del jurado, mucho más respetuosos con los nerviosos candidatos. El mérito exhibido no era otro que el del recurso al desprecio, recurso que nadie, afortunadamente, utilizó contra él.


Es también de mencionar, el caso de otra señorita con nombre de ópera de Verdi que en las pantallas de televisión utiliza el plural mayestático para airear trapos sucios y así conseguir un nuevo contrato para la siguiente tertulia.

¿Vale todo para ganar audiencia? No. Y convendría que los periodistas-todos- de vez en cuando reflexionáramos sobre el por qué de nuestra labor, de nuestro trabajo. Preguntarnos de vez en cuando por qué se publica determinada noticia. Porque es muy posible que los árboles cercanos no nos dejen ver el bosque y estemos empeñados en airear no lo que la gente quiere saber y debe interesarle saber,si no aquello que nosotros queremos que le interese y queremos que sepa.

Las televisiones son el ejemplo más claro de una información que inicialmente no interesa a nadie y que, sin embargo, se empeñan en que interese. La vida privada- a veces íntima- de algunas personas ha dejado de serlo en aras de una audiencia teórica que es la que, al parecer, da derecho de calumnia.

Deberíamos establecer ese debate en nuestra profesión, porque de ello depende la información que la sociedad recibe. Y, por tanto, la opinión que esa misma sociedad se forma. Por eso es importante que nos cuestionemos muchas cosas de nuestra profesión. Estamos logrando que al espectador, al lector, al oyente, les interese lo que reflejan los medios. Pero eso es jugar con ventaja, porque es la insistencia la que crea interés. Partamos de una pregunta : ¿le interesa al lector aquello que se publica o se publica aquello que al lector le interesa?

3 comentarios:

  1. Me ha ENCANTADO la entrada
    ole, ole, y ole

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  2. Que belleza literaria, me recuerda su forma de redactar a la del gran Miguel de Cervantes Saavedra

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  3. Excelente como de costumbre :) cuánta razón tienes...

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